Diario del capitán Kirk
Fecha estelar: 5452347.129
Una serie de eventos sin precedente ha ocurrido en las últimas horas a bordo del Enterprise. Es sumamente importante que registre en detalle cada episodio para justificar ante la Federación nuestro actual estatus como tripulantes de esta nave.
Todo comenzó como una sencilla misión de traslado de carga desde la estación espacial K-7 hasta el planeta Sherman. La carga estaba enteramente constituída por agua luminosa Antarian, usada comúnmente para pulir joyas. Como muestra de buena voluntad, el señor Lurry, quien nos encargó la misión de traslado, distribuyó entre nuestra tripulación algunas pequeñas botellas de la preciada agua a modo de obsequio.
La carga abordó el Enterprise sin novedades. Los tripulantes, sin embargo, curiosos sobre el origen del agua Antarian comenzaron una animada discusión en el puente, lo que irremediablemente llevó a investigar los distintos usos que podían dársele. El Sr. Spock (muy inoportunamente) indicó que el agua Antarian no es tóxica, por lo que bien podría servir como bebida...
Al escuchar esto, inmediatamente el Subteniente Chekov destapó su envase y se lo tomó de un solo trago. Otros miembros de la tripulación, divertidos, decidieron acompañarle e igualmente bebieron sus correspondientes tragos. En este momento fue cuando se desencadenó la particular secuencia de eventos que describo al inicio de esta entrada en mi diario:
Lo que comenzó como un baile colectivo, terminó en un show de strip-tease por parte del señor Scott, quien despues de despojarse de su uniforme y haber ocasionado las risas de toda la tripulación, decidió que era un buen momento para determinar cual de sus llaves de tuercas encajaba mejor entre sus glúteos. Como es bien sabido, el Enterprise es una nave de tamaño considerable, y como tal posee millones de partes móviles, por lo que el juego de herramientas del ingeniero de a bordo incluye 183 llaves de tuercas distintas.
Puesto que el espectáculo de Scotty completamente desnudo en compañía de sus herramientas causó cierto desagrado entre la tripulación, se dieron a la tarea de saquear los compartimientos de almacenaje que contenían el agua a ser trasladada. Una vez allí, se dieron cuenta de que los guardias que vigilaban la carga ya se habían dado a la tarea de probar el sabor del producto y estaban discutiéndo acaloradamente sobre la similitud del Enterprise con una sartén de doble mango.
Cuando la carga fue absolutamente consumida, el doctor McCoy se dedicó a auscultar a las tripulantes más jóvenes y a pedirles a todas que se quitaran el uniforme para hacer un exámen a mayor profundidad, a lo que algunas accedieron causando el regocijo del doctor, hasta que la Subteniente Taylor le mostró sus 150 kilogramos al desnudo mientras los demás tripulantes ya habían armado un trencito al ritmo de la conga rumbo a las habitaciones.
En las habitaciones pude ver al Sr. Spock actuando como un poseído hasta que se aplicó él mismo el pellizco vulcano y se desmayó; luego fui informado de que le habían puesto picante klingonés en el uniforme en la confusión del trencito por no querer participar bajo la premisa "Pa´que seas serio chico". Al señor Chekov se le vió muy entretenido enseñándole algunos ejercicios para la lengua a la Teniente Uhura. La división del nucleotransporte se divertía lanzando objetos a distintas partes del espacio circundante, lo que causó protestas por parte del señor Lurry, que recibió en su oficina en la estación espacial K-7 a la Teniente Taylor, aun desnuda.
Una vez libre de su "carga" el doctor McCoy se dedicó a tomarse todos los fonditos de agua Antarian que encontró. Luego se dedicó a apuntarle con su tricorder a toda la gente que se encontraba, tanto hombres como mujeres, para decirles después "segun este aparatico, usted es marico". En mi lucha desesperada por algo de cordura en el caos que reinaba, busqué al sobrio piloto, el Sr. Sulu, quien resultó ser el único que se quedó junto al Sr. Scott en su espectáculo de llaves y glúteos.
Ya en la desesperación, sucumbí al caos y me retiré a mis habitaciones, donde me tomé mi propia dosis de la preciada agua, y pasé el resto de la noche enviando mensajes obscenos a los directivos de la Federación Espacial, que espero que después de leer este relato no me envíen a una Corte Marcial.
martes, 5 de agosto de 2008
Enterprise
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