lunes, 4 de agosto de 2008

Un día a bordo

- ¿Capitán?

- ¿Qué pasó?

- Nada en particular, es solo que lo veo durmiendo en su puesto, y bueno... estamos de servicio

- Gran vaina, ni que nos estuviesemos hundiendo

- Bueno señor...

- Ah ah... señor un carajo marinero, a mi me respeta!

- Perdón mi Capitán, solo se lo decía por... usted sabe... la tripulación

- ¿Y que coño tiene la tripulación?

- Digamos que la situación no es la más confortable para ellos.

- Coño marinero, a usted si le gusta hablar guevonadas... si tiene algo que decirme dígalo y no ande con pendejadas

- Capitán... por favor, no es posible que no esté al tanto de la situación!

- Aqui nadie ha venido con quejas, así que para mi todo está en perfectas condiciones.

- Cierto mi Capitán, pero... no le parece exagerado estar viajando durante seis meses seguidos sin ver tierra...

- No...

- ...y comiendo solamente sopa de chipi chipis...

- Ajá...

- y además sin comunicarnos con puerto!

- Yo no le puse ninguna pistola sobre la cabeza a nadie para que se embarcara en esta vaina

- Ejem... mi Capitán, ténicamente cuando nos embarcamos y tomó el arma del marinero Gonzalez si le apuntó...

- BUENO MARINERO DEL COÑO!! Si hay algo que me quiera decir me lo dice de una buena vez!

- Esta bien Capitán, he escuchado el rumor de un motín

- Y quienes son los que pretenden tumbarme del coroto?

- García y Peláez mi Capitán.

- Ja ja! Pues están pelando más bola que el fugitivo!

- Por qué tan confiado mi capitán? Escuché que quieren hacerle caminar por la plancha

- Pues están bien jodidos porque la plancha se la cambié a los piratas maricones de la semana pasada por un sombrero nuevo.

- Se la cambió a los piratas maricones? y para que querían ellos la plancha?

- No tenían trampolín para la piscina de cubierta

- Bueno mi Capitán, confío en su juicio... pero igual le prevengo...

- Esta bien marinero, ahora dejeme seguir con mi siesta y no venga a ladillarme más a menos que sea algo realmente importante

- A la orden Capitán, me retiro...

- Ajá...

Desafortunadamente para el Primer Oficial, los marineros García y Peláez estaban escuchando toda la conversación escondidos e inmediatamente después de que el Capitán lo despidió para continuar con su merecido descanso lo abordaron y castigaron apropiadamente por chismoso. En ausencia de una plancha apropiada para lanzarlo al mar maniatado a morir en las fauces de los tiburones, lo arrojaron a la reserva de chipi chipis para que lo devoraran lentamente... muy lentamente.

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