lunes, 29 de septiembre de 2008

Otro día a bordo

- Buen día mi Capitán.

- Adelante, adelante, lo mandé a llamar para informarle de mis nuevos planes.

- Usted me dirá.

- He decidido que nos dedicaremos a la piratería.

- (Ahem) ¿¿Perdón??

- No se haga el pendejo, ya le dije, Pi-ra-te-rí-a.

- (Bueno, usted es el jefe) Así será mi capitán.

- Esa es la actitud, ahora ponga curso hacia los cayos de Morrocoy.

- (Ahem Ahem) ¿Es qué acaso desea tomar unas vacaciones?

- No sea imbécil, vamos a comenzar operar en esa zona, como no hay competencia nos haremos millonarios en poco tiempo. Y si vuelve a dirigirse a mi sin decirme "Capitán" vamos a tener un peo.

- Discúlpeme Capitán.

- Si si, no me ladille y mire nuestra nueva bandera. Como ahora seremos los "Piratas de los Cayos" entonces necesitamos una imagen adecuada.



- Hmmmm, muy interesante mi capitán, pero creo que hay un pequeño detalle.

- Ya va a usted a salirme con una de sus mariqueras, ¿se puede saber cuál es el pequeño detalle?

- Que esa bandera da la impresión de que somos los "Piratas de los Callos" y no de los "Cayos".

- ¿Y cuál es la diferencia?

- (Suspiro) Capitán, esa bandera me recuerda al Dr. Scholl´s en lugar de inspirarme el terror que debería por tratarse de una banda de piratas.

- ¿Quién coño es el doctor Chol? Mire, deje la guevonada y monte la bandera.

- Pero...

- ¡PERO NADA! ¡Ya me tiene arrecho! ¡Fuera de mi vista!

- A la orden señor.

(5 minutos después)

- Capitán...

- (El coño de la madre con este marico) ¿¿Qué??

- La tripulación bajó la bandera.

- ¿¿CÓMO?? ¿Tenemos otro motín?

- No señor, la colocaron en el salón de juegos y pusieron una canción de Chayanne.

- ¿Una canción de Chayanne?

- Si...- "Tu pirata soy yo"

- Esto tengo que verlo con mis propios ojos.

Como una tromba, el capitán salió de su despacho directo hacia el salón de juegos. Al confirmar que su primer oficial estaba en lo cierto se dió cuenta de que su plan de piratería nunca funcionaría a menos que sustituyera a esta tripulación por una un poco menos romántica. Mientras tanto, volvió a su despacho tarareando la canción que acababa de escuchar y pensando:

- Cayos... Callos... todavía no veo la diferencia.

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