sábado, 4 de octubre de 2008

Torditos

¿Alguna vez han ido caminando por la calle y han sentido un súbito ataque a su cuero cabelludo?

Si la respuesta es afirmativa entonces seguramente han sido víctimas del ataque de un tordito. Para los que no conocen a estos antipáticos animalitos les cuento quienes son: esos pajaritos negros con cara de coños de madre que viven en cualquier parte, se comen cualquier verga que hay en el piso y se dedican a arrancarle el cabello cualquier pendejo que ande medio distraído caminando por la calle.

No se que papel jugarán estas criaturas tan careverga en el complejo ecosistema urbano caraqueño pero debe ser arrechamente importante, pues hasta en la calle más recóndita de la ciudad están presentes y haciendo de las suyas cual pandilla de malandrines sin oficio.

Debo admitir sin embargo que son cazadores hábiles, tienen las armas apropiadas, se aproximan sin hacer el menor ruido, y no tienen depredadores naturales... de bolas, ¿quién va a lanzarse el papelón de intentar arremeter contra ellos? ya es suficiente con el ridículo que hace uno frente al resto de los peatones al agacharse y agarrarse el coco al sentir el pinchazo como para encima ponerse a pegar gritos y a perseguirlos como un energúmeno.

La mejor opción defensiva contra esta amenaza es andar encapuchado, y con esto no me refiero a ponerse en un plan de piedras y bombas molotov a lo ucevista guerrillero... esa solución sería muy destructiva y para nada efectiva. Debería existir una especia de patrulla vecinal compuesta de una parranda de carajitos con chinas entrenados por el señor Miyagi (como los cabrones pajaritos son tan chiquitos son prácticamente imposibles de alcanzar con cualquier proyectil, requiriendo una puntería excepcional).

Me imagino que pensarán los muérganos cuando deciden lanzarse sobre sus presas:

"Mira, ahí viene un rockero greñudo, vamos a joderlo a ver que cara pone"
"Si va!, mira que me hacen falta unos pelos largos para las cortinas del cuarto de los carajitos"

"Vamos a pararnos encima de esa peluquería, que siempre salen viejas encopetadas y les da una arrechera imposible que les escoñeten los moños"

"Ese carajito acaba de pisar un mojón de perro, le voy a sacar la piedra por agüevoniao"

"Verga le acabo de chorear unos pelos a ese heladero pero el cabrón como que no se baña porque huelen a sebo e´culo"

"A que no le arañas el cogote a ese güevón"
"Pero si es calvo"
"¡Mejor! ¡Así le da más arrechera!"

Lo otro que me saca bastante la piedra de todo este asunto son las viejas chenchas que ven la vida de esa forma tan positiva y a todo le buscan la vuelta diciéndo: "Eso es de buena suerte"... nojoda... buena suerte mis cojones... eso es tan balurdo como decir que las cagadas de paloma traen la buena fortuna, o que pisarse un dedo con la puerta del carro significa ganarse el loto.

Si son muy afortunados, nunca tendrán un encuentro cercano con estas despreciables alimañas, pero si ya lo han vivido seguramente entienden mi calentera que se hace mayor cada vez que me vuelven a joder los fulanos pajaritos, pero que se hace más llevadera cuando veo que le sucede a algún chencho que me cae mal. Cuando esto último pasa, me veo dispuesto a comprar una canilla para sentarme a alimentar a esas nobles criaturas del señor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Coye Coche... Por fin alguien con quien compartir mi mayor problema... esos fucking pajaros de ñoña... de pana que son demasiado desagradables... espero que no le saquen un ojo a alguien... gracias por publicar esto ya que ayuda a muchas personas a desquitarse y descargar si ira con alguien...

Anónimo dijo...

Me parece despreciable la actitud que tienen en contra de esas aves. Es cierto que picotean a las personas en la cabeza, pero sólo lo hacen cuando se sienten amenzadas al pasar personas cerca de sus nidos. Además, los torditos son pajaritos muy lindos y tiernos. Para los que no lo sepan son familia de nuestra ave nacional, el Turpial. Y arremeter contra cualquier ave con piedras o cualquier otro objeto es inhumano e insensible. No entiendo cómo hay personas que son capaces de lastimar a cualquier animal, cuando nuestro deber moral es proteger las maravillosas creaciones que Dios nos dejó.